pedro lopez

Digitalización y Subjetividad. Un modelo instalativo

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persona

 

 

 

Reflexiones sobre la programación realizada para la instalación "Persona" de Concha Jerez y José Iges

 

"Hace falta un dedo para señalar la luna..." proverbio zen

 

El diseño interactivo de esta instalación tiene su fundamento en la idea de que el visitante, lejos de ser el protagonista que forcejea con los mandos para obtener algún resultado determinado, se convierte más bién en un catalizador que desencadena con sus acciones reacciones inesperadas e incomprensibles de las que puede acabar siendo incluso su propia víctima.

 

Producimos permanentemente una elaboración de sentido en nuestra actuación. Una elaboración de sentido que sirve a una necesidad de orientación, en primera instancia sobre sí mismo. Y, a su vez,  en esa actividad nos descubrimos y nos construímos a nosotros mismos al observarnos en nuestra actuación permanente, en nuestra continua producción.

 

La producción constante de acciones individuales se puede comprender mejor por lo tanto como realización de una autoobservación paralela, por medio de la cual se genera una referencia que sirve de soporte para acciones sucesivas. No se puede separar la producción autopoiética de las operaciones de auto-observación y autodescripción.

 

Los sensores desperdigados en la instalación para recoger información, alertan al sistema de la presencia de actividad y envían la señal necesaria para poner en marcha un mecanismo aleatorio que tiene sus propias reglas. Al pasar por un lugar determinado se activan demandas para poner en marcha procesos de audio, vídeo e iluminación. Las preferencias organizadas del sistema para establecer su propia homeostasis interna seleccionan y conducen dichas demandas hacia diferentes tipos de filtros que pueden variar su destino final, e incluso abortar sus pretensiones. Así los dos sistemas dialogan entre sí con arreglo a sus propias necesidades.

 

Los "organos sensoriales" de ambos son como el revestimiento del estómago, pues funcionan como filtros para proteger al sistema de la violencia o toxicidad del ambiente. Deben, por una parte, estar en condiciones admitir la "noticia", pero también deben ser capaces de contener el impacto excesivo. Esto se realiza al variar la respuesta del órgano según la intensidad del estímulo. La escala logarítmica corresponde precisamente a esta situación: el efecto de las energías de entrada no aumenta de conformidad con la magnitud de éstas, sino que lo hace según el logaritmo de esa magnitud. La diferencia de efecto entre cien unidades y mil unidades de energía de entrada, será igual sólo a la diferencia de efecto entre una unidad y diez unidades.

 

La información que el sistema puede aceptar (y que le permitirá sobrevivir a la situación interactiva) conviene a la escala logarítmica. Existe así en el sistema una gran sensibilidad a impactos muy pequeños y no necesita de semejante precisión para evaluar los impactos mayores. Esto nos permitirá, por ejemplo poder detectar cualquier rumor y, a la vez, no quedarnos sordos oyendo nuestra propia voz cuando gritamos.

 

De la redundancia obtenida en la interacción con el sistema no se desprenden, por lo tanto, unos objetivos evidentes y no pueden construirse fácilmente cadenas de significado. Se puede decir que la información alojada en el hueco obtenido se forma a través del principio "una diferencia que hace una diferencia".

 

Y es la sensibilidad propia del observador lo que determina qué diferencias hacen qué diferencias para él. En cierto sentido el espectador se encuentra ante el vacío de sentido interactivo frente a frente con sus propias cadenas de elaboración de significado. Con su peculiar epistemología constructiva.

 

Toda información digital tiene que ver con esa "diferencia". En las relacciones de mapa y territorio (de cualquier clase y en el más amplio sentido), aquello que pasa del territorio al mapa es siempre y necesariamente noticia de la diferencia. Si el territorio es homogéneo, y esa puede ser una cualidad parcialmente subjetiva, no habrá marcas en el mapa.

 

Además podríamos decir que lo que "percibe" el espectador es una imagen construída mediante procesos en los que no participa conscientemente. Sería insensato decir que  "él" construye esas imágenes. No tiene casi ningún control sobre la elaboración de tales imágenes.

Volúmenes y formas se muestran ubicados en su perspectiva de acuerdo con el mecanismo que regula emocionalmente a donde debe dirigirse la atención consciente para elaborar una imagen resultante imbuída ya del diálogo entre el fondo y la forma, y resulta practicamente imposible predecir, en cada caso, cuando surgirá una variable con capacidad para desestabilizar los procesos homeostáticos en curso y devenir en diferencia detectable.

 

Según como la información opera en nuestro interior, surge una revisión de la descripción que hacemos de nuestro estado interior reflejando el contacto con el entorno del que provienen los estímulos sensoriales.  Una paradoja circular que forma parte de un proceso más amplio en el que estamos contenidos que revisa de forma permanente dichas descripciones.

 

Paseamos pues, a través de la instalación, de la mano de nuestros propios algoritmos que elaboran para nosotros un mapa de lo que vemos. Las provisiones de sentido que pueden obtener generan, a través de un proceso isomórfico, verdaderas cadenas de significado que sirven de soporte a nuestros actos. Una de las más significativas es la de que nuestra realidad necesita ser permanentemente construída desde nuestra propia intencionalidad, y esa construcción sirve a su vez de orientación a la imagen del "yo", soporte central del concepto "persona".

 

No parece que exista un substrato psíquico ni orgánico de tal concepto. Podría tratarse más bien de un artificio de observación mediante el cual se interpreta (digitaliza) lo percibido. El concepto "persona" sería así permanentemente re-construído. Semejante simplificación sirve a las necesidades adaptativas de orientación procurando un marco conceptual suficiente para generar la sensación "persona".

 

Esta ilusión permanente, sería revisada a través del feedback con el entorno ofreciendo constantemente datos significativos, muchos de los cuales serían detectados por primera vez planteando nuevos giros al proceso de elaboración de sentido al que hacemos referencia. La identidad asociada a dicho esquematismo se obtiene enlazando operaciones propias y diferenciándose así en su propia idiosincrasia productiva hasta obtener los mecanismos de orientación en la percepción apropiados que pueden simplificar la selección del comportamiento, las decisiones y la dinámica general.

 

Diremos por  lo tanto que lo que se obtiene finalmente es simplemente una imagen no muy nítida de sí mismo y se reacciona ante ella.